LA LIMPIEZA MODERNA Y SUS COSTOS
Las manchas difíciles aún existen y sólo se ven cuando se ha puesto la prenda a remojo y se ha frotado con ímpetu. Todo lo que hoy es blanco acabará por tornarse amarillento; y las suaves toallas, con el tiempo, sólo servirán como paños para limpiar los cristales.
Sin embargo, a todo el mundo le gustaría creer en las promesas del envase y se emplea el detergente esperando estrenar camisa cada día. Es cierto que muchos de los productos empleados en la limpieza de la ropa logran mejorar el aspecto y el tacto, pero también lo es que otros tantos lo consiguen dejando su rastro en el entorno.
A menudo, los productos que se añaden a la ropa al hacer la colada no ayudan a limpiarla, simplemente cambian su color o su tacto. En cambio, sí pueden resultar nocivos para las personas. Productos como los suavizantes son tensoactivos catiónicos, que pueden adherirse a las fibras por atracción electroestática y cuyos efectos sobre la salud son aún poco conocidos.
Blanco sí, pero, ¿higiénico?.- Además, los compuestos químicos de algunos productos que se aplican a la colada hacen que alrededor de la prenda se cree una película de protección que acaba por dificultar la cesión de humedad. Al final la ropa queda cubierta por una capa impermeable, que no se aprecia, pero que causa el estancamiento de la humedad. Este "microclima¿ que se genera en el tejido puede favorecer la proliferación de bacterias y la consiguiente aparición de alergias, inflamaciones o micosis.
Para el medio ambiente, en cambio, el perjuicio no es sólo potencial. Los tensoactivos, en proporción de pocos miligramos por litro, son muy tóxicos para los organismos acuáticos y se acumulan en el intestino y la bilis de los peces.
Los blanqueadores.- Todos los detergentes poseen en su composición una cierta cantidad de elementos que buscan lograr un efecto "blanqueante¿. Son sustancias muy agresivas, como el perborato y el percarbonato, que pueden ejercer un desgaste también muy rápido de los tejidos.
Su acción, además de ser nociva para el entorno y para la salud -estudios realizados en Alemania apuntan que pueden ser productos cancerígenos- resulta que tampoco es tan efectiva. Los blanqueadores, en realidad, no cumplen ninguna función detergente, sino que se limitan a transformar una parte de las radiaciones ultravioletas -que el ojo humano no es capaz de percibir- en luz visible. Es decir, engañan.
Limpio y peligroso.- En ocasiones, sobre todo cuando se adaptan los armarios al cambio de estación, se tienen que lavar prendas que necesitan un cuidado especial o que son poco manejables. Aunque ya existen "tintorerías ecológicas", lo más habitual es que en estos establecimientos utilicen métodos y productos poco cuidadosos.
La limpieza en seco, por ejemplo, se consigue usando productos tóxicos como el percloretileno que contamina el aire y puede afectar a los empleados de las tintorerías. A veces también se utiliza CFC, que es uno de los causantes de la destrucción de la capa de ozono.
Después, está el detalle de perfumar el interior de los armarios. Se suelen colocar productos ambientadores y otros, como la naftalina, que protegen la ropa de la acción de la polilla. Estas mismas funciones también las cumplen los saquitos de hierbas aromáticas como la lavanda, el tomillo o el romero.
¿Vuelta al jabón lagarto?.- Si casi todo lo que se vende tiene un lado sucio, queda por saber qué es lo más recomendable para la ropa y, sobre todo, para el medio. No es que haya que volver a hacer el jabón en casa a partir de la sosa cáustica, pero sí hay que aprender a ser moderado con lo que se usa.
Lo mejor es evitar los productos como la lejía y otros como los fosfatos o los tensoactivos. Comprar concentrados, que reducen los residuos, eliminar o restringir los que se vendan en aerosoles y utilizar las dosis adecuadas. Quizá la solución a muchos de los problemas se encuentre en algún laboratorio. Los hay que trabajan en el diseño de tejidos que, tratados con gas, resultan casi imposibles de ensuciar.
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